Según el Diccionario Expositivo
De Palabras Del Nuevo Testamento W. E. Vine, la palabra “Culto” significa:
servicio a Dios en relación con el tabernáculo o el templo. Dicho de una manera
más sencilla es lo que hacemos en las iglesias (cantar alabanzas, exponer la
Palabra de Dios, prestar reverencia a los que se hace desde el púlpito, etc). En
algunos países les llaman servicio, en
otros países les llaman reuniones; en mi país República Dominicana normalmente
le llaman culto.
Ahora bien, ¿Hay algo de malo en
esto? ¡Por supuesto que NO! De hecho, hacer esto regularmente es un mandato
bíblico escrito en Hebreos 10:24-25: “Y
considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; NO DEJANDO DE
CONGREGARNOS, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos…”
(Énfasis añadido). De manera que no sólo
apoyamos abiertamente la asistencia a los cultos, sino que te invitamos a que
lo hagas todas las semanas, y si ya lo estás haciendo te felicitamos.
Entonces ¿Dónde está el problema?
¿De qué trata este artículo? El problema, mi amado/a lector/a, está en ir a
estas reuniones y en ellas ser lo más cristianos que podemos ser, cantar a todo
pulmón, quebrantarnos hasta llorar, hablar en lenguas, danzar, dar saltos de
júbilo, decir amén, aleluya, gloria a Dios y todo el lenguaje cristiano que nos
sepamos, solamente mientras estamos en el
culto, pero en las calles ser uno más del sistema.
Hay un serio problema de
hipocresía e ignorancia cuando hacemos estas cosas en los cultos y no
transmitimos eso en nuestro día a día, con las personas que nos rodean:
nuestros compañeros de trabajo o estudio, nuestros familiares y vecinos o con
cualquier otra persona.
Nuestra vida cristiana no puede
ser un secreto, nuestro servicio a Dios no sólo debe notarse, sino que debe
contagiar a otros. El pastor Anglicano del siglo XIX, John Charles Ryle, hablando
sobre la santidad como el modo de vivir cristiano, escribió lo siguiente:
"La pregunta es para todos sin importar rango ni condiciones. Algunos son ricos y algunos son pobres, algunos son eruditos y algunos son ignorantes, algunos son amos y algunos son sirvientes; pero no existe rango ni condición en la vida en la que el hombre no debiera ser santo. ¿Somos santos?
Y esto digo audaz y confiadamente: Que la verdadera santidad es una gran realidad. Es algo en el hombre que puede verse, conocerse, señalarse y que es percibido por todos los que lo rodean. Es luz: Si existe, se ve. Es sal: Si existe, su sabor se percibe. Es un óleo preciado: Si existe, no se puede esconder."
Sin embargo el tipo de conducta
presentada por quienes tienen mentalidad de culto es, por mucho, muy lejos de
ser un vivir santo. Tanto en el Antiguo
como en el Nuevo Testamento vemos cómo ese tipo de conducta ha afectado al
pueblo de Dios por mucho tiempo.
“Dice, pues,
el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me
honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.” Isaías 29:13
“Este pueblo
de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Mateo 15: 8-9
Amados hermanos, servir y
obedecer a Dios es mucho más que asistir a un culto, es mucho más que levantar
las manos y cantarle, es mucho más que llorar al recibir sus palabras… Servir a
Dios se demuestra más fuera de los templos que dentro de éstos. Más que una
vestimenta limpia es un corazón sin mancha lo que Dios quiere de nosotros.
Externamente podremos parecer muy
cristianos, pero lo que realmente nos distinguirá del resto del mundo será
mantener una íntima relación con Dios y vivir conforme a su Palabra.
Sólo de esa manera seremos
verdaderos cristianos, seremos personas que alumbran en la oscuridad de este mundo y salan la tierra en la que el
Señor nos puso, por más insignificante que nos creamos. Quien profese ser
seguidor de Cristo sin afectar a nadie a su alrededor debería preguntarse
seriamente si está caminando tras las pisadas del Maestro o si sólo está trazando
su propio rumbo.
¿Cómo saber si tengo mentalidad de culto?
Es necesario que seamos sinceros
con nosotros mismos y sobre todo, ante al Señor. No solo debemos reflexionar
acerca de nuestro comportamiento dentro y fuera de la iglesia sino que también
debemos meditar en cómo nos sentimos internamente al respecto. ¿Me siento
pleno o vacío? Es decir, ¿Estoy satisfecho con mi forma de vivir y expresar mi
fe?, ¿Le dedico tiempo a Dios durante el día o mi vida espiritual depende de
los cultos?, ¿Actúo como un verdadero cristiano cuando estoy rodeado de
familia, amigos o compañeros de trabajo/estudio?, ¿Los no creyentes son guiados
a Cristo al ver mi comportamiento en las calles? Estas y otras preguntas deben estar en
nuestra meditación diaria.
¿Cómo ser libre de esta mentalidad?
En Mateo 25: 31- 46, hay un
contraste marcado en la reacción de nuestro Señor Jesucristo ante el modo de
vida que demostramos; nótese que nuestro salvador no se está refiriendo a la
forma como actuamos en los cultos, sino a la forma en la que vivimos y tratamos
a sus "hermanos más humildes"
en el día a día. A nuestro Señor y Salvador SÍ le importa la forma en que tratamos a los demás y desea que imitemos su carácter. Esto lo logramos a través de una vida en santidad, llena de
compasión por los demás y en completa obediencia a Dios y Su palabra.
Apocalipsis 22:11b, nos ordena:
"... el que es justo, practique la
justicia todavía, y el que es santo, santifíquese más todavía". Es
decir, sea que nos consideremos justos o santos debemos practicar la justicia y
debemos santificarnos cada día más.
Es nuestro consejo, amado/a
lector/a, que nos arrepintamos de nuestra vana manera de vivir que no busca la
santidad y que no le suma nada al reino de Dios. Ocupémonos de vivir una vida
cristiana plena y de que nuestra luz atraiga a los pies de Cristo a quienes aún
no han sido salvos.
¡Dios les bendiga!