Qué fácil resulta amar a
nuestro prójimo cuando es bueno con nosotros ¿Verdad? Y por otro lado, qué
difícil es cuando hay gente que no nos ama y aun así debemos amarlos para
permanecer en obediencia hacia nuestro Dios.
Pero ¿Qué sucede cuando
ese prójimo es alguno de nuestros padres (o ambos) y el trato que recibimos de
su parte no fue el que hubiéramos querido que nos den?
